Historias de terror

M.A. Álvarez

Microrrelatos de terror

Microrrelato de terror. El juglar sin dedos. Escrito por M.A. Álvarez

El juglar sin dedos


Forma parte de la antología Microterrores, publicada por Diverisidad Literaria en el año 2014. Así aparece en el libro:


Mª Auxiliadora Álvarez Rodríguez, España
El juglar sin dedos


Cuando tomé el antiguo laúd, un estremecedor susurro me contó que, hace siglos, un juglar fue víctima de crueles torturas y que le despojaron de sus dedos antes de su injusta ejecución. Nada ansiaba más que recuperarlos para volver a tocar una melodía... No pude evitar sentir un intenso escalofrío. El laúd cayó al suelo, salpicado por mi propia sangre y un punzante e insufrible dolor se apoderó de mis manos.


Microrrelato de terror. La baraja del organillero. Escrito por M.A. Álvarez

La baraja del organillero


Forma parte de la antología La primavera... la sangre altera, publicada por Diverisidad Literaria en el año 2014. Así aparece en el libro:


María Auxiliadora Álvarez Rodríguez / España
La baraja del organillero


Abril: un anticuario me muestra una baraja de naipes del siglo pasado. Me interesa, la adquiero, la coloco en la vitrina del salón. Junio: sigo escuchando esa irritante música en mi cabeza. No cesa, me preocupa, me inquieta. ¿Estoy perdiendo la cordura? Llega el verano: la música se desvanece. La olvido. Transcurren las estaciones. Comienza la primavera: me aterro, la música ha vuelto.


Microrrelato de M.A. Álvarez publicados en Liverdades.

Microrrelatos publicados en la Revista Liverdades


María Auxiliadora Álvarez

El viejo caserón


"¿Estás pensando lo mismo que yo?", le preguntó a su hermano mientras le miraba con complicidad una aburrida tarde de primavera en la que jugaban tras el viejo caserón. Vieron un ventanal abierto que mostraba el lúgubre interior y aunque les habían prohibido entrar, se colaron. Mientras recorrían los pasillos, una terrorífica sombra los acechaba. "¡Pero salid de ahí, idiotas!", gritaba el nervioso telespectador.


Noche de playa


Cada noche se internaba en la playa con uno de esos radares… ¿Cómo se llama? ¡Ah, sí! ¡Un detector de metales! Con el objetivo de buscar aquellos objetos que se hubieran podido perder durante el día. Pues bien, en aquella ocasión pensó que la fortuna le sonrió cuando detectó algo bajo la arena: un anillo. Así que tiró de él. No obstante, se le heló la sangre cuando descubrió que la sortija aún pertenecía a un dedo.


Viaje astral


La noche me enseñaba secretos fascinantes. Durante la madrugada, experimentaba una situación tan real como fantasmagórica. Despertaba, levitando. Miraba a mi alrededor, mi habitación. La primera vez que me vi, me sobrecogí. Iniciaba mis viajes. Me desplazaba sin limitaciones, sin restricciones. Pero esta última vez… me alejé demasiado... Con terror, me percaté de que se cortó accidentalmente el cordón de plata…


Existen


Quería demostrar que existían. Aunque cada vez que les hacía fotografías y revelaba el nuevo carrete, no aparecían en ninguna de ellas. Repitió el proceso incontables ocasiones hasta que decidió usar otro método: ¡los dibujaría! Los plasmó fielmente en un papel de tono amarillento y sonrió. Pero enseguida sintió una fuerte sacudida en su pecho porque, aunque los mostrara, ¿quién creería en la existencia de unos seres tan aterradores?


Espectro


Cada noche, descendía por las escaleras ataviada con su vestido del siglo pasado. Su pálido rostro se me antojaba hermoso y había algo en sus lamentos, no sé el qué, que me resultaba tan fascinante como perturbador. Los otros guardias de seguridad la temieron, pero yo… yo no dudé en acercarme a ella e incluso le dediqué unas bellas palabras. Sin embargo, para mi sorpresa, se asustó de mí y se desvaneció al instante.


Microrrelatos escritos por M.A. Álvarez para el Reto 5 Líneas.

Microrrelatos publicados en mi blog - Reto 5 Líneas



Tablero de Ouija


Mientras el vaso se deslizaba hasta el primero de los caracteres en el tablero de Ouija, sentí que tanto la emoción como el terror me desbordaban. Nunca había hecho esto antes. Se formularon muchas preguntas tras establecer el contacto: "¿Hay alguien ahí?" "¿Cómo te llamas?" "¿Eres un espíritu?" "¿Cuándo moriste?" "¿Cómo…?" ¡Tiene gracia! Cuando estaba vivo nadie se preocupaba por mí y ahora ellos querían saberlo todo.



Fondo de escritorio


Cuando encendí mi ordenador, me sobresalté al ver una intrusa figura entre los idílicos árboles de mi fondo de escritorio: una macabra señora ataviada con un traje oscuro. Al principio, su imagen era leve. Pero a medida que pasaba el tiempo, cobraba intensidad. Me observaba, cambiar el fondo era inútil. Cuando pude verla con más claridad, una mano se posó sobre mi hombro. Abrumado por el terror, recordé que estaba solo en casa.


Una familia peculiar


Corto un suculento y sabroso trozo de carne... Lo pongo cuidadosamente en el plato y tengo que controlar una atroz y voraz sensación de hambre para no darle ni un triste mordisco. Después, llamo a mi hijo para que venga a almorzar. Sentado a la mesa, lo prueba ¡y me dice que no le gusta! Entonces, le reprocho: "¿De verdad es necesario que vuelva a recordarte que hay otros zombis que no tienen nada que llevarse a la boca?"


Uno más de la familia


De nada sirvió el barullo de la mudanza. Acarrear todas las pertenencias de una casa a otra no cambió absolutamente nada. No era la casa la que estaba embrujada, sino la propia familia. Al principio no lo notaron. Pero una noche volvieron los incesantes ruidos y aquel inquietante movimiento en las sombras. Entonces supieron que la presencia se había ido con ellos y que no existiría lugar alguno donde estuvieran a salvo…



Ven


"¡Ven!" Exclamé hacia esa fantasmagórica persona que aparece cada noche en mi habitación, de pie, inmóvil, de espaldas, mirando siempre hacia un rincón. Cuando se giró pude ver su sobrecogedor rostro de ojos oscuros y vaporosos. Su mandíbula, desencajada, mostraba un terrible vacío en el interior de su boca. De haberlo sabido, jamás la habría llamado pues desde entonces, cuando aparece, me observa durante toda la noche.



Las voces


Décadas después, los gélidos ecos de sus canciones moran todavía en los muros de la ciudad. Mientras estaban muriendo, sus voces luchaban por la supervivencia. Lo que hicimos fue demasiado cruel… Más tarde, el canto nos persiguió a todos. Solo quedo yo… El terror me oprime a cada instante. Es cuestión de tiempo que las voces me lleven a mí también. ¡Lo siento! ¡Siento mucho lo que hice!



Le veo


—Quiero que hagas lo siguiente: cierra los ojos, cuenta hasta tres y luego los abres. —Lo he hecho, pero sigo viéndolo. —Entonces repítelo. Esta vez con más calma. Ciérralos. Concéntrate en mi voz, respira profundamente. Ahora ábrelos. —¡Sigue estando ahí! Está justo detrás de usted. ¡Le digo que es real! —Pues en ese caso, me temo que ya no hay nada que hacer…



El objeto de cristal


Aquel objeto de cristal fue su única herencia y la verdad es que no mostró más que indiferencia cuando se lo entregamos, aunque le revelamos que era un objeto muy especial. Lo descuidó. Por accidente se le cayó al suelo y se hizo añicos ante sus ojos. No le importó. Por accidente, ella cayó desde el balcón. Días después encontramos la pieza intacta. Y como ella no está, ahora te lo entregamos a ti. Sigue nuestro consejo: Cuídalo mejor.



Edición oscura


Me dedicaba a la edición multimedia en mi estudio. Un día, recibí un pendrive con varios vídeos y unas instrucciones: Debía unirlos en un solo archivo, con una estructura estrictamente planeada, pero sin visualizar el contenido. Tanto misterio despertó mi curiosidad y cuando terminé, vi un fragmento al azar. No obstante, mis ojos quedaron tan horrorizados que se apagaron. Desde entonces, vivo sumido en la oscuridad.



Ya viene


Me contaron que en aquella aldea, justo antes de que los niños se vayan a dormir, les narran la historia de un diablo que vendrá si no se portan bien y concilian pronto el sueño. Me pregunté por qué lo hacían y, por curiosidad, una noche visité la villa y comencé a husmear por los alrededores para descubrir el enigma. Sin embargo, cuando noté que los infantes me miraban con cara de espanto, comprendí que ese monstruo era yo.



Verdugo


Cuando apareció, ataviado con su negro atuendo, los que se agolpaban en la plaza se estremecieron de terror. El verdugo alzó su hacha, se heló la sangre del ajusticiado, y con un golpe perfectamente certero hizo que se le desprendiera la cabeza del tronco, que todavía permanecía horizontal y que en pocos instantes comenzaría a reclinarse. Este sí es bueno. El otro verdugo necesitó al menos diez golpes para terminar su trabajo.


Microrrelatos de terror publicados en el blog de M.A. Álvarez

Otros microrrelatos publicados en mi blog



El de la limpieza


«No podremos salir del castillo hasta el próximo Halloween a este ritmo», me quejé a mi compañero mientras quitaba parte de la inmensa cantidad de decoración del salón del antiguo y sobrecogedor edificio. La fiesta concluyó y todo debía estar limpio por la mañana.
Tuve que trabajar sin descanso.
Cuando regresé a la empresa de limpieza aseguré que habría tardado menos si el nuevo me hubiera ayudado en lugar de estar observándome toda la noche, pero me respondieron que no enviaron a nadie más.
Entonces mostré un vídeo que hice de ambos con mi móvil, a modo de selfie.
Se me heló la sangre cuando me vi hablando solo.



Supervivencia


«Los dejaremos entrar, pero si están infectados, ¡abrid fuego!», exclamé con decisión en pleno apocalipsis zombi. Sin embargo, cuando estaba abriendo la puerta, sentí el perturbador dolor de una bala en mis entrañas. Cumplieron mi orden. Irremediablemente, yo mismo había empezado a mutar.



Broma escolar


El primer día que vimos al nuevo profesor, todos sentimos un poco de inquietud. Se trataba de hombre muy extraño y mostraba una actitud sombría. Al principio, nos burlábamos de él a sus espaldas. Le pusimos un terrible apodo y, con el tiempo, nos hicimos con el control de la clase. Ninguno le prestábamos atención, hacíamos lo que nos venía en gana. Un día decidimos gastarle una broma. Se suponía que iba a ser divertido… Sin embargo, se nos fue de las manos. El susto que le preparamos se lo tomó de manera tremenda y cayó desplomado al suelo en cuanto entró en clase, corriendo la peor de las suertes. Ahora somos nosotros los que vivimos en un constante pánico. Suceden cosas extrañas en el aula, alguno de nosotros ha pasado por terribles experiencias, pero nadie nos cree. Cada vez que decimos por las mañanas que no queremos ir a clase, nos toman por unos críos caprichosos…



El ser de la ermita


El estruendo del disparo resonó por todo el valle. Venía de la ermita, la cual se alzaba en solitario en mitad del mismo. El sheriff se acercó con cautela hasta el edificio. Desde la lejanía no se apreciaba movimiento alguno. Nosotros leímos todo lo acontecido en el periódico días después y si nos pareció espeluznante el suceso, más tuvo que sentirlo así el agente que se enfrentó a tales circunstancias. Al principio, nos transmitieron lo acontecido como un problema de delincuencia. Algún hecho elaborado por un malhechor u otro parásito de la sociedad, por usar un eufemismo… Pero nada más lejos de la realidad, cuando el sheriff entró en la ermita halló una cruenta escena: un hombre en… ¿descomposición? casi desnudo devoraba a un religioso y tras él yacía, sin vida, un habitante del pueblo portando todavía una escopeta. El agente disparó varias veces hacia la criatura, pero esta, inmune, se abalanzó sobre él y le mordió en el brazo. Por fortuna, los refuerzos no tardaron en llegar y lograron abatir a ese extraño ser, acabando con el peligro. O eso creyeron. El verdadero horror comenzó cuando el sheriff abandonó una vez más su despacho...



Okupas


"Señores Okupas: Esta casa está habitada", advertía un cartel que adherí a la fachada de mi antigua y desolada vivienda. Pero pese al aviso, me enteré de que un grupo de ellos se interesó por ocuparla.
Se acomodaron y dispusieron de la casa a su antojo. Aunque pronto se vieron sorprendidos por "las extrañezas". Todos terminaron marchándose, excepto uno, y contaron con temor que, por las noches, escuchaban portazos repentinos, las viejas cañerías retorcerse tras las paredes e insistían en las voces estremecedoras que provenían de la planta de arriba.
Nunca prestan atención a mi advertencia. Incluso yo tuve que abandonar mi propio hogar hace años.
Me dirigí hacia la vivienda para prevenir al que todavía permanecía allí. Pero comprendí que llegué tarde cuando le vi yacer en el suelo del salón, con el pánico ferozmente reflejado en su rostro.
Entonces tomé un bolígrafo y completé el cartel "…por fantasmas".



Leyenda urbana del niño de la pistola


El otro día me contaron esta historia. ¿Sabes la casa antigua que está junto al solar? La que está abandonada… Dicen que a veces se escuchan ruidos, voces y que pasan cosas raras.
Pues me relataron que hace un par de semanas entró en la vivienda un agente inmobiliario para verla. Él había escuchado que se daban sucesos paranormales, aunque no le dio mucha importancia. Sin embargo, cuando salió de la casa, estaba pálido… blanco, blanco…
Decía haber visto a un niño que le apuntaba con una pistola hacia el corazón y cuyos ojos ensombrecidos le observaban fijamente mientras se dibujaba en su boca una media sonrisa. Se quedó inmóvil, el niño apretó el gatillo, y del susto cerró los ojos. No pasó nada y cuando los abrió, el crío no estaba por ninguna parte. Era imposible que alguien hubiera entrado allí con él.
Lo contó a sus compañeros y días después murió de un infarto. ¿Casualidad?
Se cree que se aparece en la casa el espíritu de un chico que vivía allí hace décadas. Su padre era policía. Un trágico accidente con un arma se cobró la vida del infante.
Y ya no sé mucho más… ¡Voy a investigar!